Al otro día, Jim se despertó temprano.
Se dio una ducha y bajó a la cocina a preparar el desayuno.
Antes pasó por la habitación de Blair, para ver cómo había amanecido su hijo. Éste dormía aún profundamente, por lo que Jim cerró suavemente la puerta y continuó su camino hacia el piso inferior.
Estaba preparando el desayuno cuando escuchó pasos que bajaban la escalera, se dio vuelta y vio a Blair parado en la puerta de la cocina.
“Buenos días” dijo con una sonrisa.
“Buenos días” contestó el muchacho, sin mirarlo.
Desayunaron en silencio y cuando terminaron, Jim tomó una respiración profunda, acerándose para lo que iba a hacer.
“Blair ve a tu cuarto. Yo limpiaré todo y luego subiré a hablar contigo”.
Blair solamente lo miró y murmuró un “sí señor” mientras obedecía.
Una vocecita en su cabeza le decía que debía mostrarse dócil y hacer exactamente lo que su padre le ordenaba.
Jim golpeó suavemente la puerta del cuarto de Blair y entró sin esperar respuesta.
Blair estaba tendido en la cama con el discman puesto y funcionando.
Se lo quitó al ver entrar a su padre.
Jim se quedó parado frente a la cama
“Explícame cómo fue que estabas en esa fiesta cuando te dije expresamente que te quedaras en casa” comenzó.
Blair pestañeó ante la voz dura de su padre “yo... quería ir a la fiesta” murmuró, realmente no tenía otra cosa para decir.
“Y yo te dije que no podrías ir a menos que hubiera algún adulto supervisándolos, recuerdas?” preguntó y sin esperar la respuesta agregó “Además, me dijiste que no era una fiesta de fraternidad y eso es exactamente lo que era. Me mentiste.”
Blair se sonrojó y bajó la mirada.
“Te das cuenta de lo que realmente sucedió anoche?” continuó Jim “Te das cuenta que podrías haber resultado intoxicado… o herido… o muerto por esas balas!!” a medida que iba hablando sobre los posibles resultados, aumentaba la agitación de Jim.
Blair se paró de un salto y caminó para alejarse un poco de su padre.
Comprendía lo sucedido la noche anterior, pero también que no le había pasado nada y tuvo la imprudencia de decirlo en voz alta “Pero no sucedió nada de eso!”
“Pero no gracias a tí!” lo interrumpió Jim “Qué hubiera pasado si no hubiéramos estado alli? Lo menos que habría sucedido es que ibas a terminar intoxicado, en un hospital o en la cárcel... y lo peor que hubiera sucedido es que podrías haber muerto! Y no estás tomando conciencia de eso!!”
Jim tomó una respiración profunda, tratando de calmarse.
“Pero creo que ya hemos discutido bastante este tema. Lo principal aquí es que me mentiste y desobedeciste y con eso te pusiste en peligro. Te dije que habría consecuencias la próxima vez que te portaras mal, y es tiempo de que las enfrentes” terminó.
“Pero papá...” dijo Blair, gimoteando “no me puedes pegar...”
“Sí puedo, hijo, no me gusta hacerlo pero lo haré mientras sea necesario” le contestó.
Lo tomó de un brazo y lo llevó con el a la cama.
Se sentó y ubicó a Blair, que ya estaba llorando, boca abajo en su regazo
“No papá, no lo hagas” dijo Blair antes de sentir la primer palmada en su trasero. “AAYY!!” gritó más por la sorpresa de sentir el golpe que por el dolor.
Jim continuó aplicando su mano, pero no con mucha fuerza.
Aún sabiendo que la paliza estaba merecida, sentía cierta repugnancia para dársela.
Blair comenzó a retorcerse y toda su docilidad desapareció a medida que los golpes iban avanzando.
“Suéltame papá! No puedes hacerme esto!” protestaba.
Jim comenzaba a tener un sentimiento intranquilo, Blair no sonaba arrepentido, más bien sonaba ofendido por la postura en la que se encontraba; y él estaba empezando a sentir que su mano le ardía.
Inmediatamente, tomó una decisión.
Iba a ser algo duro, pero lo tenía que hacer si quería que esto diera el resultado que tenía previsto.
Blair estaba llevando un pantalón buzo, que Jim bajó de un tirón junto con sus calzoncillos, desnudando las nalgas de su hijo que solamente estaban levemente rosadas.
“NO PAPÁ!!” gritó ahora Blair
PAFF!! PAFF!! Resonaron las palmadas que ahora Jim aplicaba con más fuerza “OOWWW!!! OOWWW!!” fue la respuesta de Blair.
“No voy PAFF! a permitir PAFF! PAFF! que vuelvas PAFF! PAFF! a desobedecerme PAFF! PAFF!” Jim iba impartiendo el regaño al ritmo de las palmadas que estaba aplicando a la cola desnuda de Blair.
Continuó castigando el trasero que se retorcía en su regazo, mientras hacía absolutamente claro a su hijo que no toleraría mentiras ni desobediencia.
Blair comenzó a llorar desconsoladamente, mientras trataba de hacer que su padre se detuviera.
Pero Jim continuó con un ritmo firme, haciendo caso omiso de las súplicas de su hijo, hasta que notó que Blair estaba cerca de su punto límite.
“Lo vas a volver a hacer?” preguntó mientras aplicaba otra palmada fuerte a las nalgas rojas.
“NO PAPÁ! NUNCA MÁS LO HARÉ!! POR FAVOR, DETENTE! ” suplicó Blair entre sollozos.
Jim aplicó una palmada final, más fuerte que las otras, a fin de reforzar el mensaje. Luego colocó la ropa de su hijo en su lugar, y lo ayudó a cambiar de postura en su regazo.
Blair continuaba sollozando sin control, pero se aferró al cuello de Jim, cuando éste lo abrazó a su vez.
Permanecieron un rato más así, Jim meciéndolo y Blair sollozando.
Finalmente, Blair se calmó bastante como para separarse del abrazo de su padre.
Se paró, siseando de dolor, y comenzó a frotarse las nalgas que aún le ardían.
Jim contuvo una sonrisa y dijo “Espero que no nos volvamos a encontrar en esta posición, hijo”
Blair agitó su cabeza, diciendo no.
Jim se paró y puso sus manos sobre los hombros de su hijo “Pero si lo tenemos que hacer de nuevo, esto te parecerá una caricia comparado con la paliza que te daré” le dijo seriamente.
Blair abrió la boca en sorpresa ante la amenaza de que volviera a ocurrir, pero la cerró inmediatamente
“Sí papá” contestó rápidamente.
Se dio cuenta que debería hacer varios cambios en su conducta para no incitar a su papá a repetir esta actuación.
Ahora lo veía con otros ojos, sabiendo que cumpliría su amenaza.
“Ve a lavarte la cara y luego baja. Te daré una lista de quehaceres para hoy” dijo Jim mientras se dirigía a la puerta.
A partir de ese momento, Blair modificó su conducta lo suficiente como para no provocar a su padre.
Hubieron otros momentos con pequeñas rabietas que tuvieron el mismo resultado: Blair sobre las rodillas de Jim recibiendo unas pocas palmadas; pero durante un tiempo, no volvió a repetirse una paliza tan dura en la cola desnuda de Blair.
El había aprendido.
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