Ok. Aquí estoy de nuevo para publicar mi primer historia basada en The Sentinel.
En esta serie Jim es el papá biológico de Blair, estuvo casado con Naomi pero ahora están divorciados.


Como saben, los caracteres no me pertenecen y esto está hecho por diversión y nada más.
Mis historias sólo ven la luz en este sitio, por lo cual todos los errores que tengan son exclusivamente míos.
Espero que les guste y también espero con ansias sus comentarios!

La foto es de Starfox´s mansion (http://www.wolfpanther.com/)

La Fiesta.

Blair entró rápidamente al salón esa tarde del lunes, y se dirigió corriendo hacia las escaleras, a su cuarto.

“No corras en la casa!” escuchó el grito de su padre, Jim.

“Hola papá!” contestó a su vez, haciendo un saludo con la mano y reduciendo su carrera a un paso rápido.

Jim Ellison lo observó sonriendo.

Todos los días se maravillaba ante la energía que desplegaba su hijo de 16 años.

Todos los días agradecía al cielo que su madre lo hubiera dejado con él, cuando tenía tan sólo meses de vida.

Diciéndole a través de una nota que no estaba lista para cuidar un niño, Naomi Sandburg había tomado sus cosas y había desaparecido de la vida de su marido y su hijo. Jim la había buscado incansablemente durante meses, hasta que recibió otra carta en la que Naomi le pedía que dejara de buscarla, que la dejara vivir su vida y que él siguiera adelante con la suya.

Y eso fue lo que hizo.

Siguió adelante con su vida, a pesar de la rabia y el dolor inicial.

A pesar de los sentimientos de abandono y pérdida.

Se dedicó a criar a su hijo a pesar de la inseguridad que sentía.

Y siempre daba gracias por eso. No se podía imaginar ni siquiera lo que sería su vida sin su hijo.

Los sonidos de pasos en la escalera distrajeron a Jim de su pensamiento.

“Ven a saludarme propiamente” le dijo con una sonrisa a Blair que bajaba las escaleras.

Blair se acercó, sonriendo a su vez y lo abrazó “Hola papá”

“Como fue la escuela, eh?” preguntó Jim mientras se dirigían a la cocina.

Blair fue derecho a la heladera, a servirse leche, mientras hablaba sin parar sobre su día escolar.

Jim hacía ruidos apropiados cada vez que era requerido por la entonación de la voz de su hijo, pero no prestaba mucha atención a lo que estaba diciendo.

Años de práctica de escuchar a la boca más rápida del oeste, habían perfeccionado su técnica de escuchar solo el tono entusiasmado de la conversación.

Estuvo así hasta que la palabra “fiesta” se coló en la conversación.

“Cuál fiesta?” dijo rápidamente Jim, antes de que Blair pudiera continuar. “No será una de fraternidad, verdad?”

Blair se detuvo sorprendido, estaba contando con la falta de atención de su papá para obtener el permiso de ir a la fiesta.

“N-no” mintió Blair “El sábado darán una fiesta en la casa de un amigo” dijo cautelosamente.

“Y quiénes irán?” Jim era muy estricto con la compañía que tenía su hijo, aún cuando la mayor parte del día la tenía ocupada con su trabajo de detective, se hacía de tiempo para vigilar la escuela y las amistades de Blair.

“Sólo algunos chicos” contestó evasivamente.

Jim se dio cuenta de las señales de su hijo

“Qué me estás ocultando, cariño?” le preguntó suavemente “sabes que no me puedes mentir” con sus habilidades de centinela, enseguida descubría cuando Blair trataba de mentirle.

“Sólo que sus padres no estarán en casa” dijo Blair, gimoteando. En un rincón de su mente se sintió sorprendido por la facilidad con la que estaba mientiendo y ocultando la mentira con más mentiras.

“Ningún adulto para vigilarlos?, entonces la respuesta es no” respondió Jim firmemente.

Blair lanzó un resoplido “con ese cuento nunca me dejas hacer nada!” protestó “no soy un niño, sabes? Puedo cuidarme solo!” terminó, levantando la voz.

Jim lo miró fijamente, sorprendido ante este despliegue de conducta ruda. Últimamente Blair estaba mostrando su rebeldía más frecuentemente, y Jim no encontraba aún la forma apropiada de reaccionar, ya que normalmente su hijo tenía un carácter tranquilo y complaciente.

Durante toda su niñez, lo único que hacía Jim para castigarlo era enviarlo a su cuarto más seguido o bien adelantar su hora de acostarse.

De esta forma había logrado controlar los pocos y pequeños desmanes que Blair hacía.

Pero ahora, en la adolescencia, aparentemente Blair había desarrollado el concepto de que no importaba lo que hiciera, su padre nunca lo castigaría severamente. Y eso le daba ánimos para hacer cosas que de otro modo no las hubiera hecho.

Jim adoraba a su niño. Blair siempre fue un niño dulce y no más travieso que la mayoría de su edad.

Y después de todo lo que había visto Jim en su trabajo de policía, se había prometido a sí mismo que nunca pondría una mano sobre su hijo. Quitarle los libros y encerrarlo en su cuarto debería ser suficiente.

En este momento, y ante la falta de respeto evidente de Blair, Jim estaba empezando a tener segundos pensamientos sobre esa promesa.

“Blair” advirtió Jim estrechando sus ojos y en un tono de voz bajo “no vuelvas a levantarme la voz”

Su hijo tomó nota del tono de voz de Jim, era el mismo que usaba cuando lo iba a castigar y, aunque no temía que le pegara, no quería que lo confinara a su cuarto por el resto de la tarde.

“Lo siento” murmuró suavemente y poniendo su mejor cara de disculpas.

“Tranquilo, chief” le dijo Jim, poniendo sus manos sobre sus hombros “hablemos sobre el tema, si?”

“Es que yo realmente quiero ir a esa fiesta, papá. No pasará nada, de verdad.” Suplicó.

“Chief, si no hay un adulto con ustedes no quiero que vayas, puedo acompañarte yo pero no creo que lo quieras de esa forma” agregó la última parte apresuradamente al notar la expresión horrorizada de Blair.

“Magnífico!” dijo Blair, haciendo pucheros “Imagínate lo que dirán mis amigos si voy con mi papi para cuidarme!”

Jim suspiró “entonces está todo dicho, chief. No irás a la fiesta” dijo con un tono final.

Blair lo miró, terminó de un trago su leche y salió de la cocina.

Cruzó apresuradamente el comedor y la puerta delantera para salir al patio.

Ya en el patio, Blair se sentó en un balancín.

Enfurruñado, estaba pensando cómo hacer para ir de todas maneras a la fiesta. Sabía que iba a estar muy buena, su amigo se lo había asegurado y no quería perdérsela por nada del mundo.

Era la primera fiesta a la que lo invitaban los chicos de la universidad. Aparentemente por fin estaban aceptando al niño genio que estudiaba con ellos y Blair no quería perder lo que le había costado tanto conseguir.

Amaba estudiar y se sintió en el séptimo cielo cuando lo aceptaron en la universidad a los 16 años, pero no había contado con que sus compañeros lo mirarían como una rareza y lo ignorarían o se sentirían incómodos con su presencia.

Siendo una persona muy sociable, eso había herido, pero se dispuso a ganarse la simpatía de sus compañeros y aquí por fin estaba el resultado de su esfuerzo. La invitación a la fiesta.

De alguna manera tendría que escaparse.

Y debía ser muy cuidadoso si no quería que su papá lo descubriera.

“Chief, ya está lista la cena!” escuchó que su padre lo llamaba y mentalmente se preparó para el primer paso del engaño. Ahora estaba tranquilo, una vez que había tomado la decisión, pero sabía que si cambiaba de actitud su padre sospecharía inmediatamente. Continuó sentado un momento más, sabiendo que lo que más molestaba a Jim era que lo hiciera esperar.

Y no fue defraudado, a los cinco minutos Jim volvió a salir por la puerta delantera “Blair! No me oíste? Ven a cenar!”.

Lentamente, y poniendo cara de pocos amigos, Blair se levantó de la hamaca y fue hacia la casa con pasos tranquilos. Pasó al lado de su padre sin dirigirle la mirada. Ya en la mesa, y durante la cena, no dijo una palabra y se dedicó a comer en silencio, mostrando su disgusto en sus gestos.

Finalmente, Jim perdió la paciencia, “Si ya terminaste, ve a prepararte para la cama” le dijo cuando notó que Blair ya no comía y que solamente estaba jugando con sus cubiertos. Blair obedeció.

Jim comenzó a lavar los platos y ordenar la cocina.

Prefería hacerlo solo antes que obligar a Blair a que se quedara ayudando y tuviera que soportar su enfurruñamiento.

Dios! Adolescencia! Jim sacudió su cabeza dando un pequeño resoplido. Inmediatamente sus pensamientos fueron a su propia adolescencia. Había sido él tan dificil también? Sintió compasión por su padre y no pudo evitar dejar escapar una risita.

Dio por finalizada su tarea secándose las manos y colgando el repasador de su gancho, y se dirigió a la sala a ver el noticiero de la tarde.

Pero no prestó mucha atención al televisor.

Pensar en su padre le hizo recordar algunos episodios de su niñez.

Su padre era un hombre estricto, y más de una vez Jim y su hermano habían sentido su cinturón por algún desmán que habían cometido. Y habían sobrevivido.

Jim sacudió su cabeza. Esperaba no tener que llegar a zurrar a Blair, pero ahora, bajo la luz de sus recuerdos pudo diferenciar una paliza por portarse mal de un abuso.

Y él, definitivamente, nunca había sido abusado.

Continua en parte 2